|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
||
|
Para
Publicar su Obra Click Aquí Autor: Mirialys Machin Navas
11/24/2006
|
||
|
|
||
| Título: El primer día del resto de mi vida. Evaluado con 4.46 Puntos | ||
|
|
||
| -- Recomendamos -- que pongas este Cuento en tus Favoritos y asi podras localizarlo mas facil para ver como lo han evaluado, Click Aqui | ||
| Mandaselo a un amigo por tu e-mail | ||
| Despierto. Extiendo el brazo buscando tu cuerpo y solo encuentro un sueño húmedo que ocupa tu espacio vacío, que arruga los ojos por la luz que se cuela entre las rendijas de una ventana que quedó abierta. Recuerdo, te fuiste. Odio los aviones. Doy una vuelta en la cama procurando volver a soñar. Imposible. ¡Hay tanto calor! Estiro los huesos oyendo tu risa y consigo una en mis labios, pero se confunde, por un gesto de dolor, con una mueca de angustia; y siento un par de lágrimas que se asoma a mis ojos aún cerrados. Tengo que levantarme, no debo llorar. Busco fuerzas para seguir. En la mesita de noche, la de mimbre, esa que tú mismo hiciste, está la foto de Lorchen. He ahí mi sostén. ¡Adelante! Voy hacia el armario, tropiezo con tus chancletas viejas, abandonadas por Jean Carlo anoche, cuando vino a darme el beso acostumbrado y se fue descalzo para no despertarme; sin saber que no dormía, que por dejo de la sábana apretaba tu foto contra el pecho y me mordía los labios ahogando en suspiros las ganas de verte. ¿Qué ropa me pongo hoy? Tengo una reunión importante con el gerente del banco. Debo ir impecable. Creo que el juego de blazer gris que me regalaste en tu último viaje me sentará bien, medias negras, zapatos en perfecta combinación con la cartera… ¡Los niños! Hoy comienzan la escuela. Salgo corriendo hacia el tercer cuarto, allí donde aún queda un poco de alegría. Un beso a cada uno en la mejilla. ¡Buenos días! y a levantarse. Hoy es un día especial. Lorchen levanta los bracitos pidiendo un abrazo y JC, como sólo tú le llamabas, remolonea un poco para que le pelee; heredó de ti la habilidad de desesperarme. Logro sacarlos de la cama. Se hace tarde. Entro en el baño. Aún está tu cepillo de dientes. Me hace daño pero no tengo el valor suficiente para desecharlo. Una ducha rápida sólo para refrescar. Ya están los niños pidiendo a gritos su turno para el baño. Salgo envuelta en la toalla, les hago espacio y no puedo evitar sonreír. Lorchen tiene tus ojos. Sigo pensando en los aviones. Me visto en 10 minutos, sin dejar escapar un detalle. La reunión es importante. Termino de arreglar a los niños, me tomo una taza de café… recuerdo cuando me diste a probarlo en la cocina de tu casa y luego el cigarro, te debo el vicio. Los tengo que obligar a desayunar mientras recojo los cuartos y la cocina. ¡Al fin salimos! ¡Las llaves del carro! Debo volver a entrar. Al abrir la puerta mi mirada se posa en el Van Gogh de la primera pared. Jamás pensé que lograríamos tenerlo. No sé como convenciste a la coleccionista cuando le contaste que de joven lo tenías en un recorte pegado a la pared de tu cuarto, sin el nombre porque yo se lo había arrancado. Tengo que apurarme, encontré las llaves. Primera parada, la escuela. Me bajo a conocer a la maestra de los niños… ¡Mellizos!- exclama con una sonrisa- ¡Van a volverme loca, lo presiento! Le explico que si yo no lo estoy aún, ella no corre ningún tipo de peligro. Otro beso a los dos y los debidos consejos y advertencias. Lorchen con cara triste me abraza y a JC casi lo tengo que aguantar para que no saliera corriendo a la par de los nuevos amigos que acababa de hacer. Un adiós desde la ventana. Miro al cielo, veo un avión y se me eriza la piel. Debo desconectar, la reunión es importante. Llego a la empresa. Saludos, sonrisas, una que otra mirada indiferente. Me da igual, siempre he sido así. En la oficina enciendo un cigarro, reviso mis correos. Un mensaje de tu hermano diciendo que quiere llevarse a los niños para el cayo el fin de semana. El jefe del equipo de programación que a la aplicación sólo le falta mi vistazo final, pasaré por el laboratorio más tarde. Me avisa la secretaria que Ricardo, el gerente del Banco acaba de llegar. Apago el cigarro, rocío un poco de ambientador, me arreglo y lo hago pasar. Saludos cordiales, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, desde mi tercer año en la Universidad. Me quiere en su equipo de trabajo, de eso se trataba la urgencia de la reunión. Mira mi buró y observa una foto nuestra en la playa el verano pasado. Pregunta por ti, no te conoce. Prefiero evitar el tema. El trabajo es en España. Me excita la idea, pero los aviones… detesto volar. Tengo que hacer frente, tengo que rehacer mi vida, esta maldita vida sin ti. Los niños con los abuelos, no la pasarán mal, ya están acostumbrados. Me voy, debo hacerlo, por el bien de los tres. - Espero que su esposo no sea un impedimento –me dice Ricardo ante mis dudas- . Lo miro a los ojos. Ya no aguanto más. Ahora tengo lloro, lloro hasta que me sangre el alma, objetivamente imposible, y con el mayor esfuerzo del mundo, después de levantar la cabeza del buró, donde la tenía poyada, le respondo: - Mi esposo, hace tres meses, murió en un accidente aéreo. |
||
|
Opiniones, Sugerencias
|
|||
|
|
|||