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Para
Publicar su Obra Click Aquí Autor: Diego Chiliano
6/24/2002
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| Título: Cartas para Enrique Evaluado con 3.44 Puntos | ||
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| Cartas para Enrique Enrique Antuña en un veterano de sesenta y ocho años de edad. Vive solo. Angela, su compañera de la vida, tuvo una muerte tranquila mientras dormía hace un par de meses. Después de la perdida de su compañera, él comenzó a sentirse mal y concurrió al medico con malas expectativas. Fue allí donde se enteró de que solo le quedaban dos meses de vida. Enrique bajó como todas las mañanas, abrió el buzón y tomo la carta. Era la cuarta que recibía desde que su médico le había dado la fatal noticia. Enrique cerró el buzón y subió los sesenta y ocho escalones que lo llevaban a su departamento. Entró. Se quito el abrigo, encendió la estufa, se preparó un té y se sentó con la carta junto a la mesa de la cocina, junto a la fotografía de Angie, como el la llamaba. Abrió entonces el cajón de la mesada, sacó un cuchillo y corto el sobre con cuidado. Desplegó la carta escrita a mano y comenzó a leer: “Hola Enrique. Esta es la cuarta carta que te escribo. ¿Cómo estas hoy? Si, ya se que se te hace grande la cocina sin Angela, pero también sabes que a ella no le gustaría verte así, con esa cara y con esos ánimos. Te queda poco y tenes que aprovechar tu tiempo, hacé lo que nunca te atreviste, viaja donde siempre deseaste, despreocupate de los planes de jubilación y demás problemas. Animate a hacer realidad tus sueños y a enfrentarte sin miedo a las pesadillas que te azotan día a día. La vida es corta, y en tu caso más. A nadie le tenes que rendir cuentas salvo a vos mismo. Peleá por esa felicidad que tantas veces te robaron. Ahora podes mirar sin complejos ni temor todo aquello que te ensombrecía el ánimo. ¿Todavía te tiemblan las manos de rabia cuando te viene a la memoria el rostro de aquel cura que te martirizó en tu comunión; de aquel sargento que en el servicio militar te humillo delante de todos tus compañeros; o de aquel jefe que durante años se aprovecho de tu paciencia, de tu generosidad, de tu persona, para luego dejarte de patitas en la calle? Cuando te quedan dos meses de vida, ¿vas a permanecer en silencio absoluto y encorvado?, ¿cuántos puñetazos en la mesa te resististe a dar? No te sientas culpable por la perdida de Angela; ni tampoco por esa fecha de caducidad tan corta que te ha deparado el destino. Enrique, pelea. Pelea hacia fuera y hacia dentro. Pelear es salud. No bajes los brazos nunca, ¿escuchaste bien?, nunca. Un fuerte abrazo y hasta la siguiente. Tu fiel amigo Enrique Antuña.” Enrique dobló la carta con una sonrisa en su rostro. Se levantó de la silla, le dio un beso a la fotografía y fue al salón. Tomó un papel y una pluma, se sentó en su sillón favorito, apoyó el papel en un libro y comenzó a escribir: “Hola Enrique. Esta es la quinta carta que te escribo. ¿Cómo estas hoy...” |
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Correo:
diego_design@hotmail.com
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